Poéticas VIII
De seguro...
cuando el hombre alegre se despierta
no esta solo en este mundo
encuentra jardines en la noche
y a un suspiro de distancia
un cuerpo desnudo / y creíble
que se demora solícito entre sus brazos
cuando el hombre herido se despierta
ya no cree en los milagros
le acusa el silencio / y la noche
el rostro estéril / la belleza coja
y le jode el día que se pasa
somnoliento en su porfía
De seguro...
cuando el hombre alegre se despierta
y descubre esos ojos sin enfado
que le queman sin remedio
y esa lengua suburbana
que le explora inquisitoria
ya no recurre a la memoria de su cuerpo
la embelesa desatado a ojos plenos
En cambio…
cuando el hombre herido se despierta
ya no cierra los ojos como antes
ni guarda su piel devota
para amarla sin retorno
ni multiplica panes y peces
por si acaso o por si las moscas
porque sabe que esta ciencia
no es exacta /
De seguro...
cuando el hombre alegre se despierta
no a las seis ni a las nueve
pero si sabiéndola dispuesta
y garabatea entre sus pechos la hora inmensa
el Dios mas cierto / la noche mas noche
y se deja orillar entre sus labios
viril e indemne / sin misterio
lo hace porque se sabe / sin duda alguna
el hombre mas dichoso de este mundo
En cambio…
cuando el hombre herido se despierta
ya no importa ni el día / ni la hora
porque ya no deambula con holgura
por sus sueños mas activos
ni por su hora inmensa / ni por su Dios mas cierto
ya sabe de su grito inútil / de su herida abierta
y sin lágrimas / ni misterio
encuentra entre el alfa y la omega
su refugio mas dilecto.