lunes, noviembre 13, 2006

Sobre la hipocresía y la imbecilidad humana


En estas semanas ha estado recorriendo la primera plana de los diarios del mundo la imagen de Saddam Hussein (Antiguo dictador iraquí depuesto por la maquinaria de guerra norteamericana) siendo condenado por un tribunal a muerte por la horca por los crímenes cometidos en su mandato. Esto no es algo que pueda llegar a sorprender a nadie; máxime cuando en los estados del sur de Estados Unidos se ven decenas de casos por año de esta índole, donde sólo varían las circunstancias, el color de piel de los condenados y el método utilizado.
Lo que es particularmente terrible de toda esta situación es el hecho de que a comienzos del tercer milenio sigan existiendo estos métodos retrógrados de castigo. Sobre todo en una sociedad que se reconoce cristiana, salvadora del mundo, elegidos por Dios. Y yo no puedo lograr comprender de que Dios me habla esta gente cuando habla de Dios, o cuando en su moneda utiliza la frase "In god we trust" ¿Acaso será ese Dios que se hizo carne predicando ante la audiencia sobre el perdón y la otra mejilla? ¿O quizás no sea ese el Dios que uno lee en la Biblia? La verdad me cuesta mucho comprenderlo porque se supone que son una sociedad alfabetizada, por tanto habrán leído la biblia alguna vez.
Pero más alla de este hecho lo curioso es ver como esa sociedad se atribuye el poder de castigar a lo largo y ancho del globo a los mas disímiles personajes y dictadores sin importar si fueron aliados, si los apoyaron o no, o incluso si los nombraron. Basta ver los casos del cono sur latinoamericano, de indonesia, de iraq, y de infinitos mas por todo el mundo. Y sin embargo no son capaces de integrarse como sociedad y país a la corte penal internacional de justicia, no vaya a ser que los castiguen a ellos por algún crimen de guerra.

Relacionado a esto el otro día leí un artículo sobre Joseph Jernigan un ex-convicto sentenciado a muerte en Estados Unidos en 1993 por inyección letal. Este hombre reconoció su crimen y donó su cuerpo a la ciencia después de muerto. Y fue cortado en 1871 láminas de un milímetro con las cuales la Universidad de Houston llevó a cabo el proyecto llamado "The visible man" o "El hombre visible". Donde lo que se pretende es lograr una comprensión más cabal y extendida del cuerpo humano, y una especie de atlas tridimensional del mismo. Asi es que de esto me voy a permitir sacar dos conclusiones: Primero que me sorprende la capacidad de redención del ser humano, no porque este hombre haya sido redimido de su crimen, pero al menos le supo dar un sentido a la injusticia cometida con él. Y, por otro lado, no puedo dejar de ver la infinita y manifiesta capacidad humana para la imbecilidad y la tremenda hipocresía de determinadas sociedades.