jueves, noviembre 09, 2006

Civilización o barbarie

Tan remanido título para los argentinos viene a cuento esta vez porque el fin de semana me contaron una anécdota que no pudo, de forma alguna, dejar de evocarme esa vieja apostilla de Sarmiento que tan acertadamente definió lo que, en definitiva hoy día, continúa siendo una lucha encarnizada entre los más diversos sectores de la vida política y social de la argentina.
La cuestión se desarrolló en un restaurant donde un hombre de unos sesenta o setenta años contó una anécdota de los años cincuenta. Cuando en la argentina se vivía una ascensión muy marcada de ciertos sectores sociales, hasta ese entonces relegados de la vida social, como los obreros. Este hombre cenando en un restaurant muy elegante contó como aquella vez él se encontraba cenando en un restaurant de Mar del Plata con su familia cuando uno de estos personajes que él define como groseros se apersonó a cenar en dicho restaurant de manera muy escandalosa y a los gritos, personificando en su anécdota a estas gentes que ascienden socialmente pero que no pueden negar su proveniencia. Esta gente tan antipática que irrumpe en circulos sociales que les están vedados por derecho casi de nacimiento. Porque como sentencia una máxima muy popular "El agua no se mezcla con el aceite".
A decir verdad, esto no es muy diferente de lo que sucede hoy en día. Basta ver a la gente pudiente encerrándose en barrios privados a los que ni siquiera llaman así, sino que en una forma pretendidamente diferenciadora ahora los llaman "Countrys". O basta ver como cierran una calle pública, aunque casi patricia, para festejar vaya uno a saber que, con protección policial incluída para que los indeseables no se acerquen o protesten o simplemente repartan empanadas. Es curioso seguir escuchando a esta gente pronunciar frases del estilo: "Hay que matarlos a todos", "Esos negros de mierda", "Hay que poner una bomba en cada villa", o el tan remanido "Con los militares esto no pasaba".
No, claro que no pasaba, pero tampoco pasaban la libertad, la justicia, la igualdad de derechos, la división de poderes, la rendición de cuentas, etc, etc, etc. Pero si hilamos más fino, no pasaba el hambre cotidiano, ni la falta de trabajo sea con o sin sudor de frente, ni tampoco pasaba ese "notemetás" que nos enseñaron a punta de pistola o picana.
Es indignante seguir escuchando los mismos discursos, claro que de la misma gente, pero es mas indignante que eso se transmita a los hijos de esa gente. Y que las próximas generaciones sigan alimentando así los engranajes de la tilinguería argentina o "El medio pelo" que tan bien describió Jauretche. Porque es cierto: Los argentinos no somos racistas. No, no lo somos, no al menos las clases pudientes ¿No?.

Yo me pregunto: ¿Cuando entenderán que para que nos vaya bien nos tiene que ir bien a todos (No sólo a quinientos)? . ¿Cuando entenderán que cuando esos "negros de mierda" puedan comer, aunque sin modales y a los gritos, en un restaurant junto a ellos, ya no tendrán necesidad de vivir tras rejas y con seguridad privada, o con miedo permanente a que les maten por dos pesos?

Aunque nadie entienda así somos los argentinos y así estamos como estamos.