jueves, julio 20, 2006

A modo de reflexión II



Vivimos en el mundo de la famosa globalización pero en este mundo globalizado hay cosas que no se dicen que inducen a creencias erróneas:
Una de ellas consiste en creer que la globalización empezó hace un par de décadas pero, a decir verdad, este es un proceso que comenzó alrededor de quinientos años atrás con el llamado descubrimiento de América, y con el comercio de aquella época (con el consiguiente despojo de innumerables civilizaciones) donde los productos más exóticos pululaban por el mundo de la mano de los comerciantes.
Ahora bien, quinientos años después esto no ha cambiado mucho. Mucho se habla hoy como ayer de las bondades de la integración y de la famosa globalización, pero cuando nos hablan de esto: ¿Alguien se pregunta de que nos hablan?
Yo, por lo pronto, suelo hacerme esa pregunta y la realidad me demuestra con hechos que no existe tal globalización. Si es cierto que podemos comprar un celular finlandés de última tecnología, un televisor japonés, tomates brasileños, un auto coreano, una laptop norteamericana. Pero, por otro lado, se observa que esos bienes foráneos que se importan en cualquier país del mundo obtienen los mismos derechos que los bienes producidos localmente, sin embargo, las personas no tenemos los mismos derechos en todos lados, ni libertad de tránsito como si la tienen los bienes económicos.
Ahora me pregunto de vuelta: ¿Son más importantes los bienes que las personas? Y si este es el caso ¿No nos estarán vendiendo de nuevo espejitos de colores?